El siete de julio de 2023, en aquel polémico mensaje que emitió en video a través de sus redes sociales en el que anunciaba que no buscaría ser candidato de Movimiento Ciudadano a la presidencia de la República, el entonces gobernador Enrique Alfaro Ramírez anunció:
“Entregaré mi estafeta política en mi estado a los extraordinarios liderazgos que se han formado en la lucha que desde hace 20 años hemos dado juntos. Tendrán que ser ustedes los que asuman la responsabilidad de enfrentar la siguiente elección como lo hicimos siempre: con humildad, con unidad, con principios. Sé que lo van a hacer muy bien y que este proyecto tendrá continuidad después del 2024…”.
Te recomendamos:
Los círculos viciosos del transporte público
Cuando Alfaro hablaba de “los extraordinarios liderazgos que se han formado en la lucha que desde hace 20 años hemos dado juntos”, a los que les entregaba “mi estafeta”, por supuesto que se refería al senador Clemente Castañeda y al diputado federal Hugo Luna Vázquez, pues Ismael del Toro y posteriormente Alberto Uribe Camacho ya no formaban parte activa de esos “extraordinarios liderazgos” que se formaron en la lucha hace 20 años.
En aquella fecha -julio de 2023-, Enrique Alfaro nunca se imaginó que en menos de dos años esos “extraordinarios liderazgos” serían “borrados” como tales del escenario de Movimiento Ciudadano como parte del Grupo Jalisco que lidereó por casi 15 años, como tampoco se imaginó que su confianza en que “este proyecto tendrá continuidad después del 2024” sería un fracaso, y dicho proyecto sería enviado al “basurero” de la historia en medio del escándalo que heredó a su sucesor con el caso del rancho Izaguirre en Teuchitlán. Hoy esos “extraordinarios liderazgos” no dan la cara y mucho menos se atreven a abrir la boca.
Era de esperarse que los encargados de “frenar” su proyecto político después del 2024 serían los integrantes del Grupo Coparmex, Jesús Pablo Lemus Navarro y Juan José Frangie Saade, a los que él mismo sumó y a los que no pudo, no supo o no tuvo la capacidad de “detener” en su avance interno hasta lograr quedarse con la candidatura al gobierno del Estado, el primero, y repetir en la alcaldía de Zapopan el segundo.
Hoy Lemus Navarro y Frangie Saade demostraron que sin ser militantes de Movimiento Ciudadano -insisto en que el alcalde zapopano no aparece en el padrón de militantes-, tienen el poder para apoderarse del partido y someter a todos aquellos que hasta el 5 de diciembre le rendían pleitesía a Enrique Alfaro.
Ahora, sin rubor ni vergüenza alguna -tan común en los políticos de todos los colores y sabores-, los alfaristas de ayer se declaran lemusistas y presumen al gobernador Jesús Pablo como su nuevo líder y jefe político.
Bastó la “zarandeada” verbal que Juan José Frangie le dio a la dirigente estatal de MC, Mirza Flores Gómez, para que todas las fichas “naranjas” en el partido se colocaran en el tablero lemusista como quería el nuevo Jefe Político.
Difícilmente alguno de ellos querrá ahora salirse del “redil”, como tampoco creemos que Flores Gómez pretenderá operar políticamente en Zapopan si no es con la anuencia del presidente municipal, de quien aseguran que hoy tiene el control político hasta en el último rincón de la ex Villa Maicera, y logró colocar al frente del partido en el municipio a una mujer de todas sus confianzas, Naraly González, antes de que le dieran “madruguete” desde la casona de la avenida La Paz.
Y no nos equivocamos cuando en nuestra entrega anterior -“Frangie: ¿Dejó ‘herida de muerte’ a Mirza y/i al alfarismo?”-, advertimos que la “arremetida de Frangie contra Mirza podíamos entenderla bajo dos lecturas: 1. La amenza de ruptura del lemusismo con el alfarismo, en el marco del caso Teuchitlán; y 2. “Raspar” a Mirza Flores en su proyecto de mantenerse por tres años más al frente de Movimiento Ciudadano.
Después de todo esto, podemos reiterar que hoy el alfarismo está “herido de muerte”.
Al tiempo…