¿Permitiría que sus hijos subieran a una balsa de troncos mal amarrados para navegar a la deriva en el océano? Probablemente no. Sin embargo, millones de padres lo hacen a diario en el entorno digital.
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Bajo la premisa de servicios “gratuitos”, las redes sociales han consolidado un modelo de negocio donde la moneda de cambio es el usuario. Como dicta la máxima del internet: “Si no pagas por el producto, el producto eres tú”.
Plataformas como TikTok, Instagram y Facebook operan mediante una vigilancia exhaustiva 24/7, midiendo desde el tiempo de sesión hasta el grado de atención de los menores para alimentar modelos de predicción de conducta.
A través de la minería de datos y sesgos cognitivos, los ingenieros diseñan “marionetas virtuales” para cumplir tres objetivos:
- Engagement: Mantener al usuario atrapado en la pantalla.
- Crecimiento: Lograr que inviten a más contactos.
- Publicidad: Vender perfiles ultra-segmentados a los anunciantes.
Estrategias como el scroll infinito, las notificaciones invasivas y los “likes” no son azarosas; son herramientas de manipulación diseñadas para que el flujo de datos no se detenga.
Texto: Rocío Reyna Camarillo, con más de 40 años en la docencia, experta en educación, formación y asesoramiento de padres, niños y jóvenes
