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Del pasaje al sistema: el día que Jalisco decida ganar la batalla del micro

Del pasaje al sistema: el día que Jalisco decida ganar la batalla del micro
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En la columna anterior dejé una idea que incomoda porque es cierta: una tarifa del pasaje puede ser “técnicamente correcta” y, aun así, socialmente injusta si no compra confiabilidad. Hoy quiero darle continuidad con una pregunta más exigente: ¿vamos a seguir discutiendo el número del pasaje o vamos a diseñar, por fin, un sistema?

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Porque en México el transporte público no se rompe solo en los corredores principales; se rompe —todos los días— en el universo del microbús, esa última milla que mueve a millones y que, por falta de reglas inteligentes, termina funcionando como una suma de voluntades: si pasa, si se llena, si se detiene donde debe, si te trata con respeto. Y un servicio que depende del humor del día no es servicio: es azar administrado.

Para salir de esa trampa no hace falta inventar la rueda. Hace falta mirar con seriedad a las ciudades que se atrevieron a ordenar el micro sin apagar la ciudad. Seúl es un caso especialmente útil porque no se limitó a “modernizar camiones”; reescribió el contrato completo.

En 2004, la ciudad impulsó una reforma que combinó decisiones de alto impacto: reorganización de rutas, carriles exclusivos en el camellón central para asegurar velocidad y regularidad, un esquema cuasi público de operación, y una tarjeta integrada de pago (T-money) para articular transbordos.  No fue un cambio
cosmético: fue una apuesta institucional.

Lo relevante para Jalisco es esto: Seúl no trató a los minibuses de barrio como “transporte menor”. Los integró como alimentadores reales del metro y de los corredores troncales. En la práctica, el usuario dejó de tener que “resolver como pudiera” el último tramo: el sistema lo abrazó con una lógica simple y poderosa: paga una vez, con reglas claras de transbordo, y la red hace el resto.

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Los resultados no fueron poesía. Fueron números. La propia documentación del caso registra que la demanda de autobuses creció: por ejemplo, se reporta que en 2005 el uso del bus aumentó alrededor de 14% respecto al año previo.  Y, en particular, se observa que la demanda de los “town/village buses” (minibuses de barrio) subió porque el descuento por transbordo volvió racional usar ese alimentador para llegar al metro, en vez de caminar o improvisar.

Ahora, el punto fino: nada de eso se sostiene sin control operativo. Seúl montó un centro de gestión (BMS) con información en tiempo real, alimentado por GPS, para monitorear ubicación de unidades, ajustar operación y hacer visible el cumplimiento.  En otras palabras: cuando una ciudad mide, puede exigir; y cuando puede exigir, la discusión sobre tarifa deja de ser fe y se vuelve contrato.

¿Dónde aterriza esto en Jalisco, específicamente para el micro?

  1. Microbús como alimentador, no como feudo. Rutas cortas, limpias, conectadas a estaciones y corredores, con frecuencias públicas que se
    cumplan.
  2. Tarifa integrada de verdad. El que transborda no debería ser penalizado; el transbordo es una decisión que el sistema debe incentivar, no castigar.
  3. Gestión en tiempo real y sanción real. Si una unidad no cumple, se ve. Si se ve, se corrige. Si no se corrige, se sanciona.
  4. Renovación con estándar (accesibilidad, mantenimiento, emisiones) y retiro efectivo de unidades que ya no deberían estar en la calle.

La conclusión es sencilla: el micro puede ser el villano perfecto o el héroe discreto. En ciudades serias es la costura entre casa y sistema masivo; en ciudades resignadas es el recordatorio diario de que nadie está al mando.

Jalisco tiene capacidad institucional para intentar lo que muchos no se atreven: ordenar el micro integrándolo a una red medible. Y si se hace así, el debate tarifario cambia de naturaleza: ya no sería “pagar más por lo mismo”, sino pagar por una promesa verificable. Eso es lo que construye legitimidad.


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por Violeta Moreno Haro

Lic. en administración de empresas UP campus GDL. Maestra en Gestión Pública CUCEA CONACYT. Maestria Historia del Pensamiento UP Campus Mixcoac Más de 25 años en el servicio público y en el análisis político en distintos medios en Jalisco y nacionales.

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