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El estrés de vivir en México: cuando la supervivencia se vuelve rutina*

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Vivir en México, hoy, es vivir en un estado de alerta constante, de estrés, de supervivencia.

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No necesariamente porque todos los días nos enfrentemos a un peligro directo, sino porque la posibilidad del peligro está siempre latente: una noticia, una sirena, un mensaje de WhatsApp avisando que “mejor no pases por ahí”.

Hemos aprendido a normalizar la ansiedad como si fuera parte del paisaje nacional. Pero esa normalización no la vuelve menos dañina: lo que México vive —y lo que millones de mexicanos sienten— es una forma de estrés endémico, una tensión colectiva que se ha incrustado en la vida cotidiana.

El estrés de lo impredecible

La violencia, la desigualdad, la inflación, la corrupción, la falta de certezas y la precariedad institucional no son solo conceptos políticos; son factores psicológicos que desgastan la mente.

Cada día, el mexicano promedio enfrenta microdescargas de adrenalina: desde el tráfico caótico hasta la inseguridad del transporte público, desde la amenaza de perder el empleo hasta el miedo a enfermarse sin acceso digno a atención médica.

El cuerpo humano no está diseñado para sostener tanto tiempo un modo de alerta. Cuando lo hace, comienza a enfermarse: el insomnio, la gastritis, la irritabilidad, la fatiga emocional y la sensación de desesperanza no son fallas personales, sino síntomas sociales.

¿Estrés o trauma colectivo?

Algunos psicólogos han comenzado a hablar de una forma de estrés postraumático social, o incluso de trauma cultural, para describir lo que sucede en sociedades marcadas por la violencia crónica y la impunidad.

En México, este trauma se hereda y se recicla: cada generación aprende a tener miedo, pero también a disimularlo.

La frase “ya ni nos sorprende” no es inocente; es una forma de defensa. Cuando la mente se ve sobrepasada, se apaga la capacidad de asombro como mecanismo de supervivencia.

Pero ese “apagón emocional” también nos roba algo profundo: la empatía, la energía y la confianza.

Qué nos lo detona

​1.​La inseguridad: no es solo miedo a ser víctima de un delito, sino vivir con la sensación de que nadie te protegerá si lo eres.

​2.​La precariedad económica: la incertidumbre de no saber si el dinero alcanzará genera una angustia constante.

​3.​El ruido informativo: el exceso de malas noticias, de redes saturadas de tragedias, termina por saturar el sistema nervioso.

​4.​La falta de espacios seguros: tanto físicos como emocionales; la desconfianza se ha vuelto una forma de autocuidado.

Qué podemos hacer para contrarrestarlo

No se trata de negar la realidad, sino de aprender a respirar dentro de ella.

Algunas pequeñas prácticas pueden ayudarnos a restaurar el equilibrio interno:

​•​Regular el consumo de noticias: informarse sin intoxicarse. Una hora al día basta.

•​Reconectar con la naturaleza: incluso un parque o una planta en casa ayudan al sistema nervioso a salir del modo alerta.

•​Hacer comunidad: compartir preocupaciones, acompañarnos, construir redes locales de confianza es una forma de resistencia emocional.

​•​Terapia y autocuidado: no como lujo, sino como acto de salud pública. Pedir ayuda no es debilidad, es madurez emocional.

​•​Crear rutinas de placer y calma: música, lectura, caminar, cocinar, cuidar el cuerpo; la serenidad también se entrena.

¿Un país cansado puede sanar?

México es un país herido, sí, pero también resiliente. La risa, el arte, la ironía, la ternura y la solidaridad siguen siendo formas de resistencia.

El reto está en no acostumbrarnos al miedo, en no permitir que la ansiedad se vuelva identidad.

Quizás el primer paso para sanar sea reconocerlo: vivimos estresados, vivimos en alerta, y no está bien. Llamarlo por su nombre no nos debilita; nos humaniza.

Porque la esperanza, en un país como el nuestro, también es un acto de rebeldía.

*Columna de: Violeta Moreno


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por Violeta Moreno Haro

Lic. en administración de empresas UP campus GDL. Maestra en Gestión Pública CUCEA CONACYT. Maestria Historia del Pensamiento UP Campus Mixcoac Más de 25 años en el servicio público y en el análisis político en distintos medios en Jalisco y nacionales.

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