Apenas vamos a cumplir un año con Donald Trump como gobernante de Estados Unidos, y los desastres y desestabilidad mundial generados por sus ansias de poder dentro y fuera de su país nos han arrastrado a complejos escenarios que no teníamos antes del 20 de enero de 2025.
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Para abordar esta realidad donde el presidente norteamericano se asume como el mandamás del orbe, me quiero referir a la tesis del libro de Ziauddin Sarder ¿Por qué la gente odia Estados Unidos? publicado en 2003.
En ese texto el autor plantea las razones por las cuales las personas fuera de la Unión Americana odian a Estados Unidos.
Hoy, bajo la presidencia imperial de Donald Trump esas razones cobran mayor relevancia. Sarder comienza por la “razón existencial”, que se refiere a las políticas puestas en marcha por el gobierno de Estados Unidos lo que vuelven demasiado difícil para casi cualquier país su desarrollo económico, comercial, político y militar soberano.
Continúa con la “razón cosmológica” mediante la cual la Unión Americana se percibe como la causa primera de todo, es decir, que nada se mueve sin su consentimiento; y nada puede solucionarse sin su acuerdo.
La tercera razón es la “razón ontológica” mediante la cual se establece que solo Estados Unidos es bueno y virtuoso.
Finalmente se menciona la “razón de definir”. Con ella, nuestro vecino del norte se asigna el poder para definir el mundo, la justicia, la libertad, la democracia, el terrorismo, el fundamentalismo, el narcotráfico.
Gobierno y sociedad estadunidense se definen como el futuro de todo el planeta.
Nunca habían sido mejor representadas estas razones que bajo la presidencia imperial trumpiana.
No tengo duda que sus demonios están desatados y que no descansará hasta alcanzar sus propósitos mencionados o imaginados.
Cada día que despacha en la Oficina Oval es una nueva oportunidad que el republicano mira para apretar a sus “socios, amigos y enemigos” en el planeta.
Poca diferencia existe entre el trato que le otorga a cualquier de ellos. Las amenazas (muchas de ellas materializadas) económicas, militares o comerciales se posan sobre todos casi de manera indistinta.
En tanto Donald Trump siga pensando que él es el origen y destino de todo, el planeta seguirá siendo mucho más vulnerable de lo que era hace un año.
Luego entonces, de cara a las desbocadas ansias de poder puestas en marcha con claridad a través de su política interior y exterior, se impone la unidad fuera y dentro de Estados Unidos para detener lo que parece ser un destino manifiesto hacia el desastre global.
