• miércoles, abril 2, 2025 5:11 pm

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Seguridad Pública: La crisis de Teuchitlán

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Hablar de seguridad pública es obsesivo, tratar el tema hace cuestionarse del porqué de la insistencia y la respuesta será siempre la misma, porque el problema persiste. Los gobiernos son omisos, torpes, inconscientes, lo que los conduce al cinismo.

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Lo que llama la atención es que quien llega no cambie el enfoque y la narrativa y caiga en los mismos baches de los predecesores, lo que nos lleva a considerar que al no tener otra alternativa, no tienen remedio que regresar a lo mismo, lo que equivale a la negación del problema.

El problema de la delincuencia organizada es evidente que es un asunto federal, que quien debe intervenir y resolver son las instancias nacionales.

También es cierto que en el proceso de impunidad que lo envuelve, se van involucrando elementos locales del fuero común, que bajo el mismo esquema de evadir el problema, no son enfrentados con seriedad y entereza.

El tema de la delincuencia organizada es de manera evidente un asunto que viene cargando el país por décadas, la protección de los gobiernos a dichos delincuentes viene paralelo.

Esa fascinación enfermiza que deslumbra a los funcionarios, de los líderes de las bandas no es nueva, es algo que carga la cultura del país y no es la única, desde luego. Así vemos a funcionarios de todos los niveles sentirse importantes al ser tomados en cuenta por el delincuente en turno.

Es un fenómeno extraño por decir lo menos, como el delincuente en jefe va asumiendo funciones sociales y de administración pública, hasta convertirse en un aparente líder moral.

Un ejemplo claro lo vimos en Michoacán con el líder del grupo que dio en llamarse de los Caballeros Templarios, como se convirtió hasta en juez en casos de conflictos familiares y de distribución de herencias.

Fenómenos de evasión y manipulación acaban por distorsionar la visión de los protagonistas, hasta el punto de convencerse que los equivocados son las víctimas y que la razón está de parte de la delincuencia.

Todo un fenómeno extraño de tergiversación de valores y de interpretación normativa, locura en que participan autoridades de todos los niveles, incluyendo desde luego, municipales.

Así vemos el caso de Teuchitlán con autoridades y funcionarios perdidos en una discusión semántica sin sentido, dejando de lado los hechos reales y sus responsables.

Delincuentes más allá de la locura y funcionarios de todos los niveles de cómplices, otros ignorando los hechos y sus obligaciones. Todos tratando de endosarle la responsabilidad a los demás.

Policías preventivos, fiscales estatales y federales, participando en complicidades, volteando para otro lado para no ver los horrores que cometen los desquiciados delincuentes y cuando el problema se vuelve escándalo, fiscal y gobierno federal endosan el problema a gobiernos y fiscalías locales y a funcionarios municipales, evidentemente cómplices activos o pasivos.

Al final todo mundo se hace el desentendido y los familiares de las víctimas quedan desamparados, agredidos por la delincuencia, ignorados por los gobiernos.

La salida obvia es la directa, afrontar el problema con todas sus consecuencias, incluyendo las semánticas, no lo que hacen, buscar una salida lateral para evadir la responsabilidad.


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Andres Gomez Rosales

por Andrés Gómez

Abogado, profesor, asesor de comunicación y de seguridad pública, así como columnista de diversos medios impresos y digitales.

Un comentario en "Seguridad Pública: La crisis de Teuchitlán"

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