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Seúl y el cambio de modelo del micro: cómo se hace una reforma que sí aguanta

Seúl y el cambio de modelo del micro: cómo se hace una reforma que sí aguanta
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Seúl no mejoró su sistema de microbuses con un golpe de suerte ni con un simple ajuste de tarifa. En 2004 ejecutó una reforma de modelo: trató al micro como red pública que debe ser gobernable, legible y medible, aunque la operación siguiera en manos privadas. Ese orden importa, porque cambia los incentivos: deja de premiar la guerra por el pasaje y empieza a premiar el servicio.

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Antes de 2004, el micro en Seúl funcionaba bajo un esquema privado y fragmentado que premiaba la competencia por ingresos, no la calidad del servicio: las empresas y los choferes se peleaban los corredores rentables, se evitaban rutas poco redituables, se duplicaban recorridos en zonas saturadas y eso generaba ineficiencia y, en algunos casos, conducción riesgosa por la lógica de cazar pasaje.

Mientras tanto, la calidad del servicio venía deteriorándose y los usuarios se iban al automóvil, lo que empeoraba la congestión y metía al sistema en un círculo vicioso de menos pasajeros, menos recursos y peor operación, con una autoridad que regulaba, pero no tenía el control efectivo del diseño de la red ni
de los incentivos. 

Paso 1. Poner al Estado donde sí debe estar: en el diseño del servicio.

El primer quiebre fue asumir que la autoridad debe controlar el mapa, no solo regular el precio. Con el esquema cuasi-público, el gobierno de la ciudad aseguró la facultad de ajustar rutas y orientar la operación al interés público, mientras las empresas privadas continuaron prestando el servicio bajo reglas comunes.

Paso 2. Convertir un montón de rutas sueltas en una red.

La reforma reorganizó líneas con una lógica de troncales, alimentadoras y circulares. En términos de usuario, eso significa algo básico: ya no dependes de conocer la ruta de memoria, sino de entender una red que te conecta por estructura. Esta reingeniería también buscó complementar al metro, no competirle.

Paso 3. Hacer el sistema entendible a simple vista.

Seúl trabajó la legibilidad como infraestructura. Clasificó servicios y ordenó la numeración por áreas, además de usar códigos visuales por tipo de ruta. Parece menor, pero es política pública: cuando la gente entiende, usa; cuando no entiende, se regresa al coche o se resigna a lo peor.

Paso 4. Integrar tarifa y transbordos: cobrar por trayecto, no por vehículo.

El cambio más visible para el ciudadano fue la tarifa integrada basada en distancia, con transferencias entre micros y entre micro y metro sin pagar de nuevo como castigo. Desde julio de 2004, el sistema permitió múltiples transbordos dentro de reglas claras, y el cobro se volvió coherente con la distancia
recorrida.

Paso 5. Ponerle columna vertebral tecnológica: tarjeta y liquidación.

La integración tarifaria no funciona con discursos, funciona con un sistema de pagos que registre, calcule y liquide. Seúl introdujo su tarjeta inteligente (T-money) como parte de la reforma, y con eso habilitó el cálculo por distancia, los descuentos por transbordo y una administración más precisa del sistema.

Paso 6. Darle prioridad en la calle al transporte público.

Ningún micro mejora si sigue atrapado en el mismo tráfico. La ciudad empujó carriles exclusivos, incluyendo carriles centrales, para aumentar velocidad y puntualidad y, de paso, ordenar la circulación. En reportes de caso se documentan mejoras relevantes de velocidad en hora pico asociadas a estas medidas.

Paso 7. Administrar la operación en tiempo real.

El modelo también cambió la gestión: se implementó un sistema de administración de operación (BMS) y herramientas de información para monitorear regularidad y desempeño. Esto es clave: si no puedes medir frecuencias, tiempos y cumplimiento, no puedes exigir. Y si no puedes exigir, la reforma se vuelve
narrativa.

Paso 8. Cerrar el círculo con nodos de transferencia y ajustes finos.

La reforma incorporó centros de transferencia y un proceso de corrección posterior al arranque. El objetivo fue que transbordar dejara de ser un castigo y se volviera parte natural de la red. No es glamour: es diseño de experiencia para millones.

La lección de Seúl no es copiar colores o comprar lectores de tarjeta. Es el orden de prioridades: gobernanza, red, tarifa integrada, tecnología, prioridad vial y control operativo. Cuando ese paquete existe, la tarifa deja de ser un pleito abstracto y se convierte en contrato: pago a cambio de un servicio verificable.


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por Violeta Moreno Haro

Lic. en administración de empresas UP campus GDL. Maestra en Gestión Pública CUCEA CONACYT. Maestria Historia del Pensamiento UP Campus Mixcoac Más de 25 años en el servicio público y en el análisis político en distintos medios en Jalisco y nacionales.

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