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Un aplauso al papa Francisco

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porMarcio Orozco

Ene 22, 2026 #Francisco, #Papa
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El año 2025 que dejamos atrás fue marcado entre otras cosas por el fallecimiento del papa Francisco.

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Recuerdo haber leído un artículo periodístico respecto del papa Benedicto XVI, pocos días después de su renuncia al cargo de pontífice romano en febrero de 2013. Mencionaba su enorme erudición e incluso de su talento musical. No personalizaba, según recuerdo, ninguna de sus palabras o enseñanzas. Hoy quiero personalizar.

Aplaudo al papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio fue un profeta del Nuevo Milenio. Después del providencial y necesario Segundo Concilio del Vaticano, la historia reciente de la Iglesia conoció una maravillosa renovación y aggiornamiento (puesta al día) no exenta de los fanáticos del progreso y los incrédulos del poder del Espíritu Santo para cambiar a la Iglesia, hacerla más auténtica en su fidelidad a Cristo y más valiente para anunciarlo y mejorar este mundo, unidos a los demás hombres.

Al terminar el pontificado de Pablo VI (declarado santo por Francisco) era tal la confusión, la infidelidad doctrinal e intelectual, la desunión con el papa y los obispos, que, al parecer, sólo un papa del tamaño de San Juan Pablo II, con su relativa juventud, sus grandes fuerzas físicas, su obra filosófica-teológica y su conocimiento en carne propia, como estudiante y, después, arzobispo de Cracovia, de las sofisticadas tiranías del siglo XX (comunismo soviético y fascismo, particularmente alemán), podía enfrentar los enormes desafíos de la Guerra Fría, desde 1978.

El santo viajero, también fue un papa de grandes logros y reformas. Por ejemplo, por una parte, la publicación del Catecismo de la Iglesia católica (1992) , la redacción en gran parte del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia (2005), que reflejan la claridad de doctrina que la generación Boomer necesitaba en todo el mundo y, por otra, la reforma del Código de Derecho canónico, o Constitución de la Iglesia católica, en 1981, entre otros legados.

Benedicto XVI, electo sucesor de Pedro apóstol en 2005, además de entregarnos, como afirmaba el papa Francisco, el tesoro de su magisterio y su ejemplo de humildad personal, caminó inevitablemente, de alguna manera, seguía los pasos de su predecesor, actitud comprensible si tomamos en cuenta sus más de veinte años como el más estrecho colaborador del papa polaco en el rumbo de Juan Pablo II. Es comprensible, ya que había sido su más estrecho colaborador por lo menos dos décadas.

Ahora bien, ¿por qué aplaudir al papa Francisco? Doy gracias a Dios porque supo, a pesar de todas las resistencias al cambio, en una institución bimilenaria, ser en pocos años un gran reformador.

A mi parecer, supo cambiar el paradigma en la manera de vivir la fe y de testimoniarla. Respecto de la vida de fe, me parece que si Juan Pablo II/Benedicto XVI volvieron a levantar y defender la validez de “las Tablas de la Ley”, Francisco tuvo la actitud de Juan, el Bautista: la misericordia y la esperanza.

¿A quién se le hubiera ocurrido proclamar un Jubileo/Año Santo (extraordinario) de la Misericordia? En su primer discurso a los argentinos en la catedral de Río de Janeiro, durante la Jornada Mundial de la Juventud, declaró que las Bienaventuranzas y la obras de Misericordia eran el centro del mensaje de Cristo: “no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9, 12).

Si, al principio, el cambio de paradigma y lenguaje, muy latinoamericano, porteño, desconcertó a muchos, me parece que sucedió para dar nuevo vigor y credibilidad a la Iglesia, manchada en lo humano por los frutos podridos de la infidelidad posconciliar: abusos sexuales y otros, escándalos financieros en el vaticano, etc.

Al terminar el mandato de Francisco, un protocolo clarísimo protege, en primer lugar a víctimas e inocentes que han sufrido a manos de eclesiásticos. No prescribe, a manera de crimen contra la humanidad, ningún delito u ofensa de esta especie y la información se encuentra en la página principal del sitio web de la Iglesia católica (vatican.va).

En segundo lugar, después de muchos años, la mano firme del exarzobispo de Buenos Aires, logró un superávit histórico en las cuentas del vaticano.

Quisiera terminar con el aspecto del pontificado franciscano que concierne el testimonio o evangelización. Voy a centrarme en el documental Amen, a manera de botón de muestra. Se trató de un encuentro a modo de Reality Show en el que, el papa argentino se encuentra con una docena de jóvenes hispanoparlantes de todas partes del globo.

En este encuentro, en el que nadie, salvo los productores y el director del documental, conocían a los interlocutores de Francisco, cada quién supo hacer de este encuentro tan emblemático una lección de diálogo de la Iglesia con el mundo actual, tal como está y sin dorar la píldora.

El papa, habla con una chica Pro-Choice, una persona “no-binaria”, una influencer de contenidos pornográficos, un joven que sufrió abuso sexual en un colegio católico, una joven católica piadosa, etc. Se abordan una gran cantidad de temas y pienso que uno aprende mucho de cómo va nuestro mundo y de que, a pesar de los disensos en las opiniones, “no se discrepa en la fraternidad”.

Gracias, papa Francisco, por tomar los monstruosos toros de la ecología y de la guerra por los cuernos, por dar ejemplo de pobreza y austeridad, por tu enseñanza sobre el discernimiento, la libertad interior y la lectura, por alegrar el corazón de los católicos y del mundo, por enseñarnos qué es la misericordia y la esperanza, y por ayudarmos a soñar y trabajar en nuestro propio propósito y en un destino mejor para todo el mundo, en paz.

Contacto: morozcop@up.edu.mx


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por Marcio Orozco

Historiador. Universidad Panamericana/UNAM/Sorbona.

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