La reunión de Vicente Fox con el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno Cárdenas para amarran una alianza electoral contra Morena en 2027 no aporta nada nuevo a la historia conocida. Tampoco al origen del que vienen ambos personajes, ni mucho menos a la forma de conducirse por los quehaceres y decires de la política mexicana.
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Simplemente el futuro los alcanzó. Pero tampoco es que ignoráramos ese porvenir. Ese arrumaco estaba más cantado que el himno nacional. La historia ya es añeja. Luego del fraude electoral de Carlos Salinas de Gortari en 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas, el Revolucionario Institucional y Acción Nacional sellaron un pacto para validar el atraco en las urnas que sentó las bases del conocido PRIAN.
En las entrañas de las dirigencias de ambos institutos políticos tenían muy claro el objetivo de esa unión: mantenerse en el poder varias décadas más y eliminar de la escena electoral a la izquierda mexicana. Más abajo del PRI y PAN, sus enfrentadas militancias suponían que luchaban por los principios doctrinarios de cada uno de sus partidos, sin observar que los principios en ambas aceras habían sido depositados en el tambo de la basura.
Lo único que importaba a partir de ese momento era asegurarse la permanencia en el poder cubriéndola con una democrática transición mexicana. Los transitólogos fueron llamados a colocarle el aderezo “intelectual” para embetunar los fraudes electorales venideros, y los medios de comunicación se encargaron de distribuir la idea intelectualoide de que México transitaba a la
democracia.
La escena de FOX-Moreno en la sede nacional del tricolor parece sacada de aquel bote de basura donde fueron enterrándose poco a poco blanquiazules y tricolores. La reunión debería ofender por vía doble a las bases panistas y priistas, las de Acción Nacional por mirar al primer presidente panista corriendo a los brazos del mandamás del partido que derrotaron en el año 2000, y a los priistas por ver cómo reciben con matracas y alfombra roja a quien fuera su verdugo al inicio del siglo XXI, y hoy lo miran como la última tabla de salvación para no desaparecer en los próximos años.
Los dos personajes que intentan abanderar la oposición electoral a Morena tanto en las elecciones intermedias como en las presidenciales (solo falta saber a quién lanzarán al ruedo en 2030) se atrevieron a plantear que ellos y sus partidos serán los encargados de fortalecer la democracia, defender las instituciones y las libertades, así como robustecer los contrapesos e incentivar la participación ciudadana.
Resulta un contrasentido que ellos se asuman como los líderes de una oposición firme, responsable y con capacidad cuando lo único que han demostrado es la ausencia de un proyecto de nación medianamente viable que pueda generar el respaldo de los ciudadanos. Viven en una realidad paralela y alterada.
Luego de la visita de Fox al edificio de Av. Insurgentes Norte #59 con qué cara puede llamar a sumar esfuerzos y voluntades entre ciudadanos,organizaciones y fuerzas políticas para “romperle la madre a Morena”, cuando el mismo presidente de su partido, Jorge Romero había insistido que no irían con el PRI.
Es evidente que al presidente blanquiazul ya lo doblaron, como seguramente le pasará a la vieja versión del PRIAN que quiere mostrarse como novedosa. Por vía de mientras, la alianza a la que están llamando Alito y Fox estoy cierto que le será de mayor utilidad a Morena en las próximas elecciones que a los partidos que la conformen. Dirían desde Morena, “cuando veas a tu enemigo equivocarse no lo contradigas”.
Al tiempo.