Los hechos violentos del domingo y su consecuencia inmediata el lunes, cada uno de nosotros lo vivimos de manera muy particular; cada uno tenemos una historia personal qué contar: cada uno experimentamos un sentimiento que quizás no sabemos cómo descifrarlo, cómo describirlo; cada uno enfrentamos un miedo, un temor, de distinta intensidad; cada uno observamos los días por venir, inciertos. Pero todos compartimos, esas 48 horas, la incertidumbre como una dura realidad.
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La sorpresiva emergencia de un encierro inmediato y obligatorio en tu casa o en el lugar donde estuvieras porque las calles de la zona metropolitana y de muchos municipios más de Jalisco se estaban convirtiendo, ese domingo, en zonas de “guerra” y territorio “propiedad” del crimen organizado, y el “estruendoso” silencio que se apoderó de cada rincón del exterior, al día siguiente, el lunes, porque aquel miedo o temor de siquiera asomar la cabeza por una ventana nos paralizó frente a nuestro celular o televisor tratando de saber qué sucedía, fue una experiencia que, hoy por hoy, nadie nos puede asegurar que no se puede repetir.
No quiero ser ni parecer alarmista, pero después de lo sucedido el domingo y lunes, particularmente, digo: Volteemos a ver Sinaloa…
Tras la detención de los líderes de los cárteles que se disputan aquel territorio, es fecha de que la guerra continúa y hora de que no “están dadas las garantías” para que sus habitantes, gente de bien, trabajadora y honesta, vivan en paz.
Y recuerdo aquello que en el pódium legislativo preguntó el diputado Miguel de la Rosa a sus compañeros legisladores hace apenas nueve días y que nadie se atrevió a responder: “¿Dónde reside el grupo criminal responsable del 85 por ciento de la violencia en el país?”. “Radica en Jalisco…”, respondió él mismo ante el silencio de sus compañeros. Y el domingo, especialmente, eso se demostró. Y una y otra vez viene a mi memoria lo informado por el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, el lunes: “En Jalisco se registraron seis agresiones en donde, lamentablemente, perdieron la vida 25 elementos de la Guardia Nacional, un custodio y uno de la Fiscalía General del Estado…”. El 1 de mayo de 2015, en un operativo para detener al mismo líder del Cártel, en Villa Purificación, murieron 9 militares, tras el derribo de un helicóptero “Cougar” de la Fuerza Aérea Mexicana.
En seis ataques, 27 elementos de seguridad murieron en el cumplimiento de su deber -además de una mujer civil que nada tenía que ver con los hechos. En Michoacán se reportaron 15 efectivos heridos, aunque no se especificó su gravedad. Sin duda, una cifra escalofriante, saldo de una verdadera guerra que, preguntémonos, ¿ya terminó?
En el operativo murieron 30 integrantes del grupo delincuencial, pero en reacción a la detención de su líder quien hoy está muerto. Preguntémonos: ¿Ya se resignaron a esa muerte, le dieron “vuelta a la página”, tendrán otro líder y continuarán con sus actividades delincuenciales como si nada hubiese sucedido ese domingo 22? ¿O nos esperan nuevas sorpresas?
No pretendo ser “ave de mal agüero”, pretendo ser lo más realista posible y ver en perspectiva. Viene un Mundial de Futbol y Jalisco -el estado “donde reside el grupo criminal responsable del 85 por ciento de la violencia en el país”-, será sede -Zapopan en concreto-, de cuatro partidos. ¿Está garantizada la seguridad en el Estado para este evento de magnitud internacional? La presidente Claudia Sheinbaum dijo ayer que “están dadas las garantías” y que “no existe ningún riesgo”. ¿Bastará que nos digan que “están dadas las garantías” y que “no existe ningún riesgo”? para estar tranquilos?
Volteemos a ver Sinaloa…
No importa quién gobierne Sinaloa ni quién gobierne Jalisco, el problema son los cárteles que residen y actúan -a sus anchas- en ambas entidades. Y hasta ahora nada ni nadie los ha detenido. Sí, han caído sus líderes, pero los grupos continúan vivos, actuando y generando miedo y terror entre la población. Y por eso digo: Volteemos a ver Sinaloa… aprendamos en cabeza ajena.
Pero confiemos en las palabras de Sheinbaum Pardo: la seguridad en Jalisco “está garantizada” y “no existe ningún riesgo”. Porque en lo que no podemos confiar es en eso que llaman “Código Rojo”.
*Columna publicada en: Tras hechos violentos en Jalisco: Aprendamos en cabeza ajena
