¿Qué son los modales? ¿Cuál es su relevancia en nuestras sociedades? Modales proviene de modus, modo, forma de hacer las cosas, particularmente en la comunicación y convivencia con los demás.
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En francés e inglés por ejemplo, se usan, por ejemplo, las palabras, “maneras” (manières; manners). La importancia de estas “leyes”, no escritas en su mayoría, pueden hacer la diferencia entre un grupo social que convive armónicamente y otro que no lo logra.
La palabra ética, proviene de esta idea de las costumbres (ethos, en griego), y, de la misma forma, la palabra moral (mos, moris, que significa costumbre, en latín).
Quizá más de uno de los modales tenga un origen en un principio religioso, la regla de oro cristiana, por ejemplo (“trata a los demás como quieres que te traten”), otros pueden ser de corte político o corresponder a una nueva sensibilidad (usar el “término afrodescendiente”, por ejemplo, en lugar de negro).
A continuación, daré unos ejemplos que podrían facilitar la convivencia en familia. Decirse los “buenos días”/”buen día” cuando uno se encuentra con otro por primera vez en casa y lo mismo (“buenas noches”) antes de retirarse a descansar. Sugiero nunca omitir el: “gracias”, “por favor” y “perdón o discúlpame”.
Si no es muy problemático, esperar a que lleguen todos los miembros de la familia para la comida, por ejemplo y esperar a que todos se hayan servido antes de empezar a probar bocado. Conozco a una familia cercana, en la cual, nunca riñeron los padres enfrente de los hijos. Les aplaudo.
Pienso que el arreglo personal, la ropa, el peinado, el aseo, son lenguajes que pueden expresar
cariño o respeto. Finalmente, “ceder el uso del micrófono” o “tomarlo prestado” más frecuentemente, según uno/a sea, en el primer caso, acaparador(a) de la conversación o, en el segundo, muy tímido/a.
En segundo lugar, pienso en los espacios públicos. Primeramente, los físicos. Al llegar al trabajo, mirar y saludar brevemente a los presentes que nos antecedieron en ese recinto.
La puntualidad, para estar en una reunión, es una forma de respeto a los demás que procuraron estar a la hora. La puntualidad para respetar los plazos para entrega de un producto, trabajo escrito, etc., expresa consideración y deferencia.
Sin embargo, agregaría que debemos cuidar la salud y que, si el rigor de la puntualidad nos hace “temblar de ansiedad”, entonces, quizá sería buena, una pequeña pastilla de sana indiferencia cada 12 horas.
En el trabajo, ¿por qué no darle su lugar al/a la superior/a? Si no es inoportuno, saludarle al llegar y al retirarse. Escuchar atentamente las instrucciones para una tarea, y, al terminar, preguntar lo que no se ha entendido o comentar lo que se le ocurre a uno, para realizarla con más eficacia, pero respetando la última palabra que pertenece al jefe/jefa. Dar cuenta del término del encargo, o, de su avance, si es una tarea de larga duración.
En cuanto a las redes sociales, imaginarnos que estamos a un metro de la persona con la que estamos comunicándonos y tratar de poner toda la atención. En el pasado, los modales al respecto se solían llamar “Netiquette”, la etiqueta de la red.
Si estamos en una reunión de trabajo y no está prohibido prender la cámara, quizá sería bueno hacerlo y
mostrar que no tenemos la mente divida entre dos actividades. Si uno se ausenta un momento, se recomienda, apagar la cámara y, muy especialmente el audio, para no distraer a los participantes. Al concluir la reunión, avisar al organizador o al que preside la reunión, del motivo de nuestra ausencia, para excusarse, puede ser muy valorado.
Más allá de la organización donde trabajamos, se me ocurre sugerir que, si vamos a publicar/postear una información, una imagen o foto, que siempre respetemos a aquellos que figuran o de los que se habla. Si pedimos permiso con antelación, nos aseguramos de no fallar. Me parece de buen tono, publicar contenido con un toque de esperanza y buen humor. Ya hay mucha información en redes que invita a la queja , la crítica, la condena.
Finalmente, me parece prudente tener cuidado al compartir videos o enlaces que no hemos abierto y conocido nosotros mismos primero. Estafas, fraudes o robos de información están a un “clic” de distancia… En caso de duda, omitir “pinchar” la liga/el enlace/link y preguntar detalles a quién comparte el contenido, o asesorarse con una persona más experta, puede dar lugar a un uso más seguro de Whatsapp y otras redes sociales.
Renuevo mi agradecimiento por el privilegio de publicar en este medio informativo y agradezco su lectura.
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