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La pinza se cierra y empiezan a ahogarnos, concepciones ideológicas contrarias de un capitalismo exacerbado y del populismo
rebasado que ahora padecemos y generan la confrontación que nos amenaza.

¿Hacia dónde caminará este país en los siguientes meses? Nadie lo sabe, dependemos de demasiadas variables, que ni los protagonistas son capaces de precisar, caminamos por señales, intuiciones, caprichos o temores. Todo bajo un paraguas difuso de soberanía, moral política y decisiones de quienes detentan el poder en grado mayor.

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Los extremos son indicadores del incierto futuro, uno el moralismo exagerado de la administración norteamericana, el otro la ausencia de escrúpulos de los gobiernos que la sociedad mexicana tolera, bajo principios superados, como aquel de que “el fin
justifica los medios” de Maquiavelo y en los que el permanente deterioro de los conceptos, el fin ya no es el Estado, sino lo que conviene al grupo en el poder.

En los años setenta en Jalisco, bajo el gobierno de Flavio Romero de Velasco eran identificables los grupos de interés, como también eran un factor común de otras entidades, mismos que el Principe, o sea el gobernador en turno, se empeñó en debilitar.

Ahí podíamos identificar por ejemplo a las familias de los exgobernadores que se disputaban el control de la Universidad de Guadalajara o bien quienes controlaban los sindicatos y como producto marginal, el transporte público, en otros estaban los grupos que ejercían el control de ejidos y comunidades o bien el comercio informal en las principales ciudades. El desgaste de años generado como consecuencia de los abusos, llevó a su fin el intrincado sistema de intereses, que Daniel Cosio Villegas denominó unipartidismo.

La siguiente etapa fue una transición que caminó de la mano de Acción Nacional, un partido denominado testimonial, al que los intereses post revolucionarios, no dejaron crecer y fue hasta finales del siglo pasado e inicios del actual que logró obtener sus primeros triunfos electorales importantes. A ese partido lo venció también la lógica de los intereses, desaparecidos los creadores, los herederos perdieron la brújula y cayeron en los mismos errores de los que los antecedieron, en la administración pública.

La actual etapa autodenominada de izquierda, resultó regresiva, por dos elementos el doctrinario y el pragmático, la doctrina que tomó fue a destiempo en la historia del mundo y el pragmático los llevó a decisiones discrecionales, que los benefició exagerada e irregularmente.

Genera desconcierto que nos encontremos en circunstancias que llegamos a considerar superadas, en las que aparecen los vicios del pasado. Pagamos ahora la factura de la falta de solidez democrática y la perversión de la Justicia. Circunstancias que se suman a la extrema actuación del gobierno norteamericano, que nos ha llevado a condiciones no previstas.

La pinza se cierra y empiezan a ahogarnos, concepciones ideológicas contrarias de un capitalismo exacerbado y del populismo
rebasado que ahora padecemos y generan la confrontación que nos amenaza. El gobierno federal está entrampado en sus concepciones y cálculos, que lo han llevado a cometer enormes errores.

En tanto que el país no consolida una administración honesta y eficiente, como tampoco una democracia sólida y un elemental Estado de Derecho, condiciones que generarían el soporte de la libertad del individuo y la solidaridad humana.


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Andres Gomez Rosales

por Andrés Gómez

Abogado, profesor, asesor de comunicación y de seguridad pública, así como columnista de diversos medios impresos y digitales.

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