Hay una mala costumbre mexicana: creer que cada cambio obliga a comenzar de nuevo. Cambian gobiernos, nombres, programas y estructuras, como si borrar lo anterior demostrara poder. Las instituciones fuertes hacen lo contrario: acumulan conocimiento.
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La Universidad de Guadalajara es una construcción de generaciones. José Guadalupe Zuno encabezó su refundación en 1925. Constancio Hernández participó en aquella organización, fue pieza esencial de la reapertura de 1937 y dedicó 56 años a la docencia.
Pero las universidades no las construyen únicamente sus rectores. También quienes dejan patrimonio y oportunidades. Enrique del Toro y Micaela Estrada forman parte de esa historia por su aportación de las hectáreas para el CUCiénega. Porfirio Cortés donó 20 mil metros cuadrados para la Preparatoria 17.
Raúl Padilla representa otra etapa: la Red Universitaria y una arquitectura cultural que proyectó a Guadalajara en el mundo. Un legado demuestra su dimensión cuando sobrevive a quien lo construyó.
También por eso hay que distinguir entre crítica y destrucción. La protesta y la inconformidad forman parte natural de una comunidad universitaria. Pero cuando una manifestación adquiere una desproporción difícil de explicar por la demanda original, cruza hacia el daño del patrimonio o parece buscar más la ruptura que la solución, también es legítimo preguntarse quién la induce, quién la amplifica y a quién beneficia. No toda inconformidad es inducida, pero tampoco toda movilización es espontánea. Una institución madura debe saber escuchar lo primero sin ser ingenua frente a lo segundo.
José Trinidad Padilla, desde la FIL y la Biblioteca Pública Juan José Arreola, representa esa custodia del legado cultural que ayudó a construir junto con el licenciado Raúl Padilla.
Raúl Vargas, primer rector del CUCS y primer director del OPD Hospital Civil, pertenece a la construcción médica institucional. Leobardo Alcalá encabezó después los Hospitales Civiles en años de expansión de trasplantes y servicios especializados. Samuel Romero, exdirigente sindical de la Universidad, forma parte de esa generación. Los tres representan experiencia e influencia en el gremio médico del estado.
Tonatiuh Bravo representa la formación de administradores públicos y la experiencia desde el CUCEA hasta la Rectoría General. Su influencia alcanza distintas generaciones de políticos y funcionarios de Jalisco.
Alfredo Peña explica otro poder: construir generaciones. Hay quienes construyen edificios y quienes construyen personas. Una Universidad necesita ambos.
La generación presente: Karla Planter es la primera mujer Rectora General en la historia de la UdeG. Me parece una mujer de enorme calidad humana. Coincidimos un día en un avión y la amabilidad con la que nos saludamos, además de la forma en que mencionó uno de mis artículos, me dejó esa impresión.
César Barba, hoy Secretario General, reúne experiencias de la FEU al SEMS. Con César he convivido en distintas etapas de mi vida y puedo decir que su calidad humana y capacidad para relacionar perfiles de generaciones distintas son un activo institucional difícil de reflejar en un organigrama.
Ricardo Villanueva pertenece también a esta arquitectura: fue rector y después llevó su experiencia a otras responsabilidades públicas.
El 5 por ciento constitucional que la Universidad obtuvo durante el gobierno de Enrique Alfaro Ramírez no se entiende sin su padre, Enrique Alfaro Anguiano, un gran universitario. Es una historia conocida en círculos políticos y universitarios: fue él quien logró convencer a su hijo de darle a la UdeG un presupuesto institucional que evitara dejarla desprotegida frente a coyunturas políticas. La garantía quedó materializada constitucionalmente en 2024.
Eso es pensar más allá de la grilla y de uno mismo.
En política institucional, la novedad no es un valor por sí misma. Lo que funciona se preserva; lo que falla se corrige.
Una Universidad centenaria no debería comenzar de cero en cada generación. Debería comenzar siempre desde todo lo que ya aprendió.
La defensa, al final, es de los resultados, de la memoria institucional y de una Universidad capaz de preservar legados y ser más grande que las grillas de cada generación.