El sentido común nos diría que el gasto público en cualquier entidad debe aplicarse con pulcritud y racionalidad, buscando la eficiencia en la aplicación y la solución de los problemas más apremiantes de la comunidad. Nada más lejano a ello, los criterios que se aplican en Tlajomulco.
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En la realidad los factores externos influyen de manera determinante en el gasto, los intereses de facción, los gastos de campañas electorales y el afán de subir en el nivel social en un mundo de consumo. Todo ello lleva a la desviación de la aplicación de los
recursos municipales.
Además, debemos señalar la falta de transparencia en el gasto y los procesos, manipulados para desviar la aplicación, desde el objetivo hasta el proceso de adjudicación o adquisición, recayendo en elementos mercantiles inescrupulosos, que obtienen el contrato dispuestos a compartir la alterada utilidad, en beneficio de los funcionarios o miembros del clan que obtiene el triunfo electoral, lo que convierte en elementos del círculo vicioso al proceso electoral y la administración pública.
Dichas prácticas reducen la eficiencia del presupuesto y alimentan el control de los electores, mediante campañas clientelares, que de manera directa o indirecta se compra su voto y se ejerce presión sobre lideres y electores de distintas maneras, lo que vicia tanto los procesos democráticos como la propia Administración Pública, aumentando como consecuencia, el rezago de la solución de los problemas.
Las administraciones públicas en nuestro medio son anárquicas y sin propósito de servicio y solución de problemas, lo que pudiera llevarlas a ser eficientes al administrar adecuadamente los recursos. Ello implica tener personal con perfil y debidamente capacitado, con certeza en la permanencia en el puesto.
Por otra parte, el uso racional de recursos mejoraría la calidad de su aplicación, lo que llevaría a la administración a
tener mayor número de recursos y en estado óptimo.
El uso de tecnologías que llevan a realizar con mayor eficiencia las funciones, debe considerarse como herramienta para la administración y en el uso por el recurso humano, de nada sirve una supuesta alta tecnología, si no se opera racional y eficiente. De tal manera que el recurso financiero, sería solamente para mejorar el nivel de eficiencia del servicio.
La administración tiene las siguientes funciones, los servicios, la atención al público en los distintos trámites y la operación en sí misma. Todos los rubros son desatendidos de manera genérica y constante, ningún servicio es eficiente, aún más si los vicios
conexos incrementan un crecimiento exagerado de la población, como es el caso de Tlajomulco, que de menos de 123 mil habitantes en el año 2000 aumentó en el conteo del 2025 a más del millón, con uno de los crecimientos más altos de América Latina.
A eso sumamos vicios, torpeza e improvisación. Tlajomulco además de su propio presupuesto, ha tenido un trato de excepción del
Gobierno del Estado. Por información de los diputados locales de Morena sabemos que la actual administración ha recibido del gobierno estatal 4,100 millones de pesos, que conforme a información del propio municipio, ha aplicado en dos avenidas, Camino
Real y Adolf Horn, en dos edificios para administración y otro para albergar la tecnología de seguridad pública.
Además de la falta de transparencia para conocer los precios y procedimientos aplicados, podemos afirmar que su fin es erróneo, las obras realizadas en las avenidas no solamente no acabaron con las tradicionales inundaciones, sino que las multiplicaron. Los dos edificios administrativos se construyeron sin tener función definida ni personal con perfil y capacitado, contratado en la mayoría de los casos para pagar compromisos de campaña.
En el caso de las instalaciones de seguridad pública se dejó de seleccionar y capacitar personal al abandonar la Carrera Policial y se estancó la contratación, que de contar en 2010 con 1.4 policías por cada mil habitantes, en la actualidad cuenta con menos de uno.
Los procesos de adquisición y adjudicación dejan un mal olor de corruptela e improvisación, con obras y bienes con vicios ocultos en tanto los servicios son abandonados, para mala fortuna de la población.