Claudia Sheinbaum está en un proceso permanente de crisis, en una de sus etapas más complejas y difíciles. Se encuentra atrapada entre las estrategias e intereses del gobierno republicano de Norteamérica y el afán desproporcionado del dirigente anterior del país, de generar una nueva etapa histórica.
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Más allá de los errores y abusos que cometen los gobiernos populistas, con sus afanes y decisiones inmediatistas, de desmedida ambición, son características propias de ejercicio autoritario.
Tradicionalmente los sucesores se ven obligados a actuar drásticamente para convencer a la población de su independencia. Hay de ello ejemplos varios en el país, como Lázaro Cárdenas, José López Portillo y Ernesto Zedillo.
El caso de Claudia Sheinbaum ha sido más estresante, alargando su periodo de posicionamiento y legitimación de su gobierno, en el afán de permanecer fiel a las líneas trazadas por su mentor y líder, que la obligó a montar un gobierno, en varios casos con personajes desprestigiados.
No debemos olvidar que la prioridad de Sheinbaum es consolidar su gobierno, lo que pasa por la elección de 2027, aunque pareciera que ella está convencida que necesita de Morena, en especial de la estructura que hizo ganar a López Obrador en 2018 y a ella misma en 2024, cuya inseguridad la convierte en dependiente de sus aliados históricos.
Una de las dudas que estaban en el aire, era cual sería el proceso de selección de candidatos para 2027, lo que empieza a dilucidarse, pareciera que el control de Morena y por consecuencia de las candidaturas estarán en manos de ella, aunque tendrá que hacer consultas con los líderes principales de su corriente política, lo que podría distorsionar el sentido de la elección.
Otra de las preguntas es, qué hará con los grupos que controlan estados completos, que han estado manipulando para dejar sucesores, lo que necesariamente llevaría a Morena a mayor rechazo de la población. Son claros ejemplos de como los grupos se apoderan no solo de las decisiones de gobierno, sino como van creando mecanismos de control de la sucesión.
El ejemplo claro es la elección de 2024 en que López Obrador impuso a la propia Claudia, como candidata triunfadora, con recursos públicos federales, estatales y en muchos casos municipales. Además, de la evidente influencia de la delincuencia organizada, que tan caro le ha costado al país.
La constante devaluación de la moneda nacional y el incremento de precios no reconocido con causas internas y externas, es otro de los fenómenos que le generan turbulencia a la titular del ejecutivo, amén de los grupos belicosos y depredadores de su propia corriente.
Todo ello, tendrá que pasar necesariamente por el cernidor del tratado comercial, con los Estados Unidos de Norteamérica y Canada, que en este momento se aprecian inciertos sus resultados. Además, los intereses sucesorios de 2030 aparecen con los protagonismos de Omar García y Marcelo Ebrard, que empiezan a tener personeros y simpatizantes, entre los que se incluye la propia Claudia.
Se visualizan como factores desestabilizadores, las presiones de Donald Trump, el estrés de López Obrador que siente la amenaza de pagar culpas, el tratado comercial de futuro incierto, la delincuencia herida sin estar neutralizada.
Conflictos añejos como el de agricultura, la ausencia de inversión, de producción y por consecuencia de generación de empleo y la inflación. La deficiencia en la política de salud y la inconformidad de importantes sectores con los programas asistenciales.
La presencia torpe, desprestigiada y sin brújula de la oposición y el evidente debilitamiento de Morena, son símbolos de la transición, que aparecen como potenciales elementos de anarquía, ante los desmedidos intereses de grupos depredadores y la impotencia de la sociedad.
