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Somos MX y la señal política de sus tres primeras posiciones

Somos MX y la señal política de sus tres primeras posiciones
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Que en Somos MX la presidencia nacional haya quedado en manos de Guadalupe Acosta Naranjo, la secretaría general en Cecilia Soto González y la Secretaría de Organización y Desarrollo Institucional en Leobardo Alcalá Padilla no es un dato menor ni una simple repartición de cargos. Es una señal política bien leída.

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En un momento en que muchas fuerzas nuevas se presentan como novedad, pero nacen sin estructura, sin voz reconocible y sin operadores reales, esta combinación comunica otra cosa: que se entendió que un partido no se construye sólo con entusiasmo ni con discurso, sino con dirección, estatura y capacidad de organización.

En Guadalupe Acosta Naranjo, presidente nacional, hay una lectura evidente: oficio político. Y el oficio, en una etapa de formación partidista, no es adorno, es columna vertebral. Un partido que aspira a obtener registro y luego competir en serio necesita a alguien que entienda conflicto, negociación, narrativa pública, construcción de acuerdos y defensa política del proyecto. Acosta aporta precisamente esa capa.

No se trata sólo de experiencia acumulada, sino de saber cómo se sostiene una fuerza cuando llegan las primeras presiones, las primeras simplificaciones y los primeros intentos de reducirla a caricatura. Ponerlo al frente manda un mensaje de conducción, no de improvisación.

En Cecilia Soto González, secretaria general, el valor es de otro orden, pero igual de importante. Ella aporta discurso, seriedad pública y autoridad moral sin necesidad de estridencia. En un ecosistema saturado de ruido, eso pesa.

Y aquí sí lo digo en primera persona: yo personalmente siempre crecí viendo a Cecilia como una política con discurso, con estatura moral, muy estructurada, y además con una femineidad muy clara y una presencia pública poco común.

Fue, para mí, uno de los ejemplos que quise seguir. No por idealización fácil, sino porque siempre me pareció una mujer capaz de hablar desde convicciones, inteligencia, forma y dignidad pública. Que esté en la secretaría general le da a Somos MX una segunda firma de legitimidad: no sólo estructura, también tono, piso ético y capacidad de interlocución con sectores que buscan una política menos tosca.

En Leobardo Alcalá Padilla, secretario de Organización y Desarrollo Institucional, hay una pieza central para cualquier proyecto que quiera crecer en serio. Un partido no vive sólo de quienes lo encabezan frente al micrófono. Vive también de quien ayuda a volverlo territorio, método, red y estructura. Esa secretaría no es un cargo decorativo. Es la zona donde se prueba si una fuerza puede crecer con
orden, articular cuadros, construir presencia real y sostenerse más allá del entusiasmo inicial.

Ahí Leobardo aporta gran experiencia de construcción, organización y estructura, además de una capacidad importante para dar forma institucional a un proyecto político. Y eso, en una etapa fundacional, vale muchísimo.

Aquí también hay una oportunidad política mayor para Morena y para el gobierno federal. Si de verdad quieren acreditarse como una fuerza de miras altas, tendrían que demostrar que su enorme poder simbólico no sirve para cerrar el espacio público, sino para permitir que todas las expresiones sociales con arraigo real tengan representación, incluso cuando se trate de una expresión de centro y abiertamente opositora como ésta.

La verdadera altura democrática no se prueba cuando sólo se tolera a los afines, sino cuando se acepta que una sociedad plural necesita cauces institucionales para sus diferencias. Ahí es donde un poder
seguro de sí mismo se distingue de uno que sólo administra hegemonía.

Visto en conjunto, la virtud de esta integración está en la combinación. Acosta aporta conducción política, Cecilia altura discursiva y autoridad pública, Leobardo organización, desarrollo institucional y gran capacidad de articulación estructural.

Es decir, las tres primeras posiciones relevantes no quedaron repartidas al azar, sino colocadas en perfiles que cubren tres necesidades reales de cualquier fuerza que quiera durar: liderazgo, legitimidad y estructura. Y, en realidad, los tres tienen las tres virtudes, aunque cada uno cargue más visiblemente una de ellas.

En política eso vale más que muchas campañas de imagen. Porque los partidos que sí logran consolidarse no son los que sólo entusiasman por un momento, sino los que desde su arranque dejan claro quiénes son, quiénes los conducen y cómo quieren crecer.


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por Violeta Moreno Haro

Lic. en administración de empresas UP campus GDL. Maestra en Gestión Pública CUCEA CONACYT. Maestria Historia del Pensamiento UP Campus Mixcoac Más de 25 años en el servicio público y en el análisis político en distintos medios en Jalisco y nacionales.

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