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UAG y UNIVA, otras dos tradiciones universitarias de Jalisco

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Vale la pena ir completando el mapa universitario de Jalisco con otras dos instituciones importantes del estado: la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) y la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA).

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No son instituciones idénticas entre sí, ni nacieron del mismo impulso, ni formaron los mismos perfiles. Justamente por eso resultan interesantes.

Cada una expresa una manera distinta de entender la educación, el liderazgo, la pertenencia institucional y la proyección hacia la vida pública.

La UAG remite a una tradición de identidad fuerte, afirmación institucional y formación profesional con sello propio. Su historia no puede leerse sin nombres como Agustín Navarro Flores, primer rector de su etapa fundacional, ni sin la gravitación de Ángel Leaño, Antonio Leaño Álvarez del Castillo y Antonio Leaño Reyes, que en distintas generaciones y registros ayudaron a darle continuidad, tono y presencia a esa casa de estudios.

A ellos se suman perfiles como Alfonso Petersen Farah, que permiten leer otra vertiente de esa misma tradición: la de una formación que proyecta cuadros con disciplina, pertenencia y peso profesional en campos estratégicos como la salud y la administración pública.

En la UNIVA, el acento ha estado más cerca de la formación humanista, de la inspiración católica y de una idea de comunidad universitaria ligada no sólo al desempeño profesional, sino también al sentido social y a la formación integral.

En su historia aparecen con claridad nombres como Santiago Méndez Bravo, figura fundacional del proyecto, Guillermo Alonzo Velasco y Francisco Ramírez Yáñez, asociados a etapas distintas de consolidación, conducción y expansión institucional.

Cada uno en su momento, cada uno con su propio estilo, pero todos vinculados a la continuidad de una universidad que ha querido conservar un tono propio dentro del ecosistema jalisciense.

En ambos casos conviene recordar algo elemental: una universidad no se sostiene por puro nombre ni por pura infraestructura. Se vuelve legible por las personas que le dan forma, que la proyectan y que la sostienen en el tiempo.

Y esas trayectorias, desde luego, no pesan igual. Algunas apenas dejan rastro; otras construyen una huella mediana; y algunas terminan volviéndose referencias inevitables cuando se quiere entender una época, un estilo de conducción o una tradición institucional.

Por eso hay nombres que regresan una y otra vez a la conversación, mientras otros pertenecen más a coyunturas específicas. En la UAG, por ejemplo, la persistencia de los Leaño no es casual: dice algo de continuidad, de proyecto y de una forma muy particular de leer el liderazgo universitario.

En la UNIVA, la repetición de ciertos nombres tampoco es fortuita: habla de una institución que ha querido sostener, con variaciones, una misma vocación formativa y una misma sensibilidad sobre el vínculo entre educación, persona y comunidad.

A mí me parece más honesto leer así a las universidades de Jalisco. No como estructuras abstractas ni como marcas intercambiables, sino como tradiciones vivas que producen personajes distintos, alcances distintos y legados de distinto tamaño.

La UAG ha proyectado con fuerza una cultura de identidad institucional, de disciplina profesional y de liderazgo ejecutivo.

La UNIVA, en cambio, ha insistido más en una formación integral, humanista y socialmente orientada.

Ninguna de las dos se explica sola. Ninguna se entiende bien si se borran los nombres de quienes les dieron dirección, densidad y estilo.

Decir esto no equivale a reducir una universidad a unas cuantas personas. Equivale, más bien, a aceptar una verdad sencilla: las instituciones fuertes también se leen a través de ciertas biografías.

Hay quienes ocupan un cargo, y hay quienes terminan encarnando una etapa. Hay quienes administran una coyuntura, y hay quienes ayudan a fijar una tradición.

Leer con honestidad esa diferencia no empequeñece a las universidades; al contrario, las vuelve más inteligibles.

Y en un estado como Jalisco, donde la vida pública ha estado atravesada por culturas universitarias muy distintas entre sí, mirar a la UAG y a la UNIVA permite ir completando el cuadro. Porque la historia universitaria del estado no tiene una sola voz, una sola raíz ni un solo temperamento. Tiene varios. Y entenderlos también pasa por mirar a las personas que, en distintos momentos, les dieron tamaño.


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por Violeta Moreno Haro

Lic. en administración de empresas UP campus GDL. Maestra en Gestión Pública CUCEA CONACYT. Maestria Historia del Pensamiento UP Campus Mixcoac Más de 25 años en el servicio público y en el análisis político en distintos medios en Jalisco y nacionales.

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