Continuando con la idea de artículos anteriores, insistimos en los problemas que provoca la anarquía del urbanismo, en especial de Tlajomulco. La improvisación, la imposición de criterios a los habitantes y el crecimiento exagerado de la población, que conlleva el desarraigo de nuevos pobladores.
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Abusos y errores repetidos en Tlajomulco
En la dinámica de cuando menos los últimos treinta años la comunidad original, con su identidad y sus intereses comunitarios, se ha confundido con los intereses de los negociantes de la vivienda. En dichos procesos han participado lo mismo el gobierno federal, con el estímulo de empresas, mediante créditos de los organismos de ahorro para la vivienda de los trabajadores, como los gobiernos de los estados, que se han hecho desentendidos ante los abusos y los negocios turbios de las administraciones
municipales.
Una de las instituciones que incurrió en mayor responsabilidad, fue la legislatura local 1997-2000, que creó el Código de Desarrollo Urbano al interés de los desarrolladores.
Las consecuencias fueron la desaparición de las áreas comunes en la zona Metropolitana, mismas que la normatividad anterior cuidaba con especial celo, razón por la que mediante mecanismos de negociación municipal desaparecieron espacios, para unidades deportivas, parques, jardines y templos.
El municipio que experimentó en mayor medida la depredación de la construcción fue Tlajomulco de Zúñiga, que llegó a registrar crecimiento poblacional de más del 10 por ciento anual, que lo convirtió en el municipio de mayor crecimiento de América Latina.
Se entiende que dicho crecimiento se genera a través de la oferta de vivienda, que atrajo habitantes de la Zona Metropolitana y aun de otros estados del país.
Ese fenómeno generó entre otras consecuencias la distorsión de los conceptos del municipio rico en cultura, tradiciones y manifestaciones religiosas prehispánicas y coloniales, que los nuevos habitantes no comprendieron y están lejos de asimilar.
Otro fenómeno fue la perversión de quienes querían hacer riqueza con sus propiedades agrícolas, que los llevó a vender a los constructores del nuevo modelo de explotación habitacional.
Paralelo a ello se contaminaron los procesos, con los intereses de los grupos que buscaban generar riqueza rápida, con la influencia de las instituciones financieras federales, en especial de la Secretaría de Hacienda, que hizo laxa la normatividad que regula la inversión de los ahorros de los trabajadores.
Los nuevos dirigentes de la administración municipal también enloquecieron ante el bacanal de negocios, cobrando cuotas irregulares a los inversionistas, lo que permitió la relajación de la autorización y supervisión de la construcción, incluyendo vivienda sin cimientos y techos frágiles, que no soportan los tinacos de agua, como hizo en el desarrollo de Santa Fé, Homex.
Insistir en hechos, que la población de Tlajomulco conoce en toda su variedad de consecuencias es inútil, lo que debe hacer la ciudadanía es exigir a partidos y candidatos, que están por aparecer como generosos patrocinadores de los tradicionales vicios, que frenen la creación de nuevos desarrollos y obliguen a los poderes legislativo y ejecutivo a generar un nueva norma de desarrollo urbano, que
obligue no solamente a Tlajomulco, sino a toda la Zona Metropolitana a reordenar y planificar el crecimiento anárquico, que permita a los habitantes tener una mejor calidad de vida.
Mejorar los servicios públicos debe ser precondición para crear nuevos desarrollos. Se debe eliminar el laberinto que tiene presos a los habitantes, de los abusos de administraciones permisivas y negociantes sin escrúpulos.
