Si buscáramos una diferencia entre las administraciones de Salvador Zamora y Quirino Veázquez en Tlajomulco, seguramente fracasaríamos. Los gobiernos del municipio desde la década de los noventa han seguido la inercia del crecimiento desordenado y el beneficio de los grupos que acceden a la administración municipal.
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Con matices, pero prácticamente todos han caído en la política fácil del desarrollismo urbano, hasta llevar al municipio al fracaso ecológico, al tiempo que se creó un criterio de sacrificio de los habitantes, en especial generando zonas de marginación.
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Todo con la complicidad de los gobiernos federales, con la utilización de las instituciones de ahorro para la vivienda de los trabajadores, así como los estatales y en algunos casos con la abierta complicidad de las administraciones municipales.
Así los criterios clientelares se convirtieron en políticas públicas, con la abierta complicidad de desarrolladores de vivienda y de quienes comercian a través de las políticas de gobierno. Se protegieron a las empresas de vivienda a costo de los ahorros de los trabajadores, a través de criterios utilitarios de la Secretaría de Hacienda, para beneficiar incondicionales y parientes de los funcionarios federales.
De esa manera se llevó a Tlajomulco a un crecimiento desenfrenado, en el que del censo de 2010 al de 2020, prácticamente se duplicó la población del municipio, con un escaso margen de crecimiento presupuestal y el constante endeudamiento de los ingresos municipales. La pauperización de la población, corrió paralela con la de la administración pública.
Los partidos y sus candidatos por su parte, en las campañas acabaron por ofrecer posiciones de la potencial administración pública, lo que llevó al municipio a contratar personal sin perfil y a desatender renglones de primer orden, como la seguridad pública.
Sumémosle en que quienes llegan a la administración, pretenden hacer negocios para fortalecer las finanzas personales y recuperar además los gastos de campaña, que por ser clientelares son sumamente costosos.
Esas inercias han llevado al municipio a una serie de vicios y errores de quienes compiten por una posición en la administración municipal. Así vemos que a pesar de que los servicios municipales están colapsados, se siguen autorizando fraccionamientos, muchos de ellos enfocados a convertirse en zonas de abierta marginación, con la consecuente cantera de consumidores y distribuidores de
enervantes, fortaleciendo las actividades de la delincuencia.
Quienes buscan las posiciones de la administración pública, solamente siguen las prácticas que a la fecha han resultado eficientes, ofrecer posiciones a líderes sociales, sin importar su capacidad y conocimiento. Lo importante es llegar a los recursos municipales, que como consecuencia fatal son dilapidados.
Además, los servidores públicos encuentran en la administración mediante procesos de gestoría, los apoyos para mantener sus posiciones administrativas, lo que resulta en un saqueo permanente de los recursos, dejando de lado la eficiencia administrativa por intereses de futuras campañas.
La respuesta es que Tlajomulco para salir del bache en que se encuentra, necesita lo contrario de lo que se hace, esto sería un Plan Emergente que contenga cuando menos las siguientes líneas:
- a) Freno del crecimiento desordenado de la vivienda;
b) Fortaleza de la seguridad pública; - c) Rescate de la riqueza ecológica y
- d) Programa de Desarrollo comunitario y trabajo social de relajamiento de las zonas de alta marginación, con atención preferente a niños y adolescentes.
Todo ello hasta encontrar un sano equilibrio entre desarrollo sustentable y el bienestar de la población.
