El presidente de Estados Unidos, Donald Trump aceptó la aventura bélica de Benjamín Netanahyu para bombardear Irán y destruir al gobierno de los Ayatolas. Después de tres meses y medio de enfrentamientos nos avisan que Washington y Teherán han llegado a un acuerdo de paz.
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Si revisamos el acuerdo (hasta donde se ha filtrado) aceptado por ambas naciones, en el negocio de la guerra que buscaba el republicano el salió el tiro por la culata: ora porque el gobierno de los Ayatolas continúa firme y con amplio apoyo de la población; ora por un mal cálculo de la respuesta iraní; ora por los impactos económicos que tendría la guerra; ora por no tomar en cuenta la principal arma de los Ayatolas, el estrecho de Ormuz; ora por suponer que la aventura militar duraría unas cuantas semanas; ora por el débil respaldo de sus aliados; ora por el enojo de las petromonarquías que no fueron defendidas por las barras y las estrellas como se les había prometido; ora por la extensión de la guerra a una territorialidad mayor a la iraní; ora por el creciente protagonismo de Pakistán; ora por los golpes militares recibidos.
Sea como sea, lo que hoy sabemos que se pactó nos regresa a antes del 28 de febrero de este año.
Con la novedad de que Irán demostró que el poderío militar estadunidense tampoco es invencible. Que ha dejado de ser una potencia hegemónica para consolidarse solo como un poder hegemónico.
Los persas le recordaron a Donald Trump que Vietnam sigue presente.
El estrecho de Ormuz reabrirá totalmente el viernes como estaba antes del inicio de la guerra; Teherán ejercerá su soberanía junto con Omán en la zona de estrecho, y además cobrará por servicios prestados (peaje por barco que cruce); se establece el cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano, lo que no estaba en la ecuación en febrero; se liberarán 24 mil millones de dólares en activos iraníes congelados, se cancelarán las sanciones sobre la venta de petróleo iraní, de productos petroquímicos y sus derivados, situación que no existía antes del inicio de la guerra; se pacta una moratoria de 20 años del programa de enriquecimiento iraní, esta condición ya la había aceptado Irán desde su acuerdo con Barack Obama que el mismo Trump echó por tierra en su primera aventura en la Casa Blanca.
Si bien las negociaciones finales deben comenzar en un máximo de 60 días con el objetivo de alcanzar un acuerdo definitivo, no es menor escuchar al líder supremo de Irán, el Ayatollah, Mojtaba Jamenei y al presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibafdecir que su país se alzó con la victoria.
A querer o no, la aventura militar en el cercano occidente le está saliendo muy caro a Donald Trump, no solamente por lo sufrido en el campo de batalla, sino porque tendrá un impacto negativo en las elecciones de medio término en la Unión Americana, y porque Benjamín Netanyahu seguirá dándole la espalda al acuerdo de paz y presionando al republicano con información de los archivos Epstein que tiene muy nervioso al inquilino de la Casa Blanca.
