• jueves, agosto 13, 2026 11:25 am

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“Agradezco a la Secretaria de Gobernación, @rosaicela_, la reunión de trabajo en la que acordamos los mecanismos conjuntos, entre la federación y el estado, para llevar a cabo los grandes proyectos de Jalisco, principalmente los concernientes al abasto y calidad del agua para el Área Metropolitana de Guadalajara”, escribió anteayer el gobernador Jesús Pablo Lemus Navarro en sus redes sociales, acompañando una fotografía en la que aparece con una enorme sonrisa que contrasta con la seriedad y el rostro adusto de la titular de Gobernación.

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Este texto es tan demagógico como los que redactaba y compartía su antecesor, Enrique Alfaro Ramírez, todas -y decir todas, es todas- las ocasiones en las que presumía haber sido recibido por el presidente Andrés Manuel López Obrador sin dejar prueba alguna de que dichos encuentros efectivamente sucedieron, pues los videos que grababa era en los patios o jardines de Palacio Nacional, amén de que la Presidencia de la República nunca dio cuenta pública de dichas reuniones.

Y la duda de que hubiesen sido reales no sólo fue por esa falta de testimonios o pruebas al momento, sino porque, además, nunca -y nunca es nunca- se concretaron en hechos los supuestos acuerdos a los que habían llegado y mucho menos los presuntos compromisos que López Obrador habría asumido en esos encuentros y llevar a cabo así los “proyectos prioritarios” que Alfaro anunció y prometió desde que asumió la gubernatura.

Pero después de cada visita a Palacio compartía el mismo mensaje demagógico, porque nunca se pasó de las palabras a los hechos.

Al parecer, ahora la misma fórmula se le aplicó a Lemus Navarro con un agravante que no es menor, sino al contrario, reviste un gran significado político: No se le abrieron las puertas de Palacio Nacional.

Si no es en reuniones colectivas de gobernadores, en lo individual el gobernador jalisciense no ha sido bienvenido en la sede del Poder Ejecutivo federal y apuesto que pasará tiempo para que lo sea, aunque no me extrañaría que nunca sucediera.

Ahora simplemente la presidente Claudia Sheinbaum Pardo decidió no recibirlo, pese a la solicitud de audiencia que él mismo reveló había hecho a la Presidencia desde meses atrás, y fue remitido a otro Palacio, pero el de Bucareli, a reunirse con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien sin duda alguna tomó nota de las peticiones, preocupaciones o inquietudes que le planteó Lemus Navarro, pero que ante el tono demagógico de lo compartido por el gobernador, todo quedará simplemente en un cuaderno de notas de la funcionaria federal.

Y es que si realmente este encuentro fue fructífero, ¿no era ya el momento de que Lemus Navarro le explicara a los jaliscienses qué carajos es eso de los “mecanismos conjuntos” que acordaron? ¿Cuáles son los “grandes proyectos” a llevar a cabo? ¿Y cuáles son los concernientes “principalmente al abasto y calidad del agua” para la metrópoli?

Reitero: Todo es demagogia pura, como en los tiempos del alfarismo. Es más, no dudaría que el texto compartido por Jesús Pablo haya sido redactado en Bucareli o, cuando menos, revisado y “palomeado” ahí.

Cómo nos hubiera gustado que Lemus nos compartiera qué dijo, qué reacción tuvo y qué cara puso la secretaria de Gobernación cuando le espetó todo lo que declara aquí en Jalisco en contra del gobierno de la 4T y todo lo que vociferan en sus redes sociales la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Mirza Flores, y las diputadas zapopanas amantes del Tik Tok, acusando que el gobierno federal de MORENA no quiere a Jalisco y por eso lo castiga quedándose con recursos que le pertenecen al Estado.

Pero no nos lo comparte porque simplemente no se atrevió a decírselo en su cara. Igual que en los tiempos del alfarismo.

Así, pues, el que no se le hayan abierto las puertas de Palacio Nacional al Gobernador de Jalisco es un duro mensaje político que él y su equipo deben de entender y reflexionar para el futuro, pues aún le restan cuatro años más de gobierno, los mismos que a Claudia Sheinbaum, y nada bueno obtendrá si su salida es culpar al gobierno federal de todo lo malo que sucede en el estado y de su incapacidad para resolver los problemas que padecen los jaliscienses.


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